MENOS ES MÁS: EL USO DE LAS DOSIS INFINITESIMALES EN HOMEOPATÍA



Una de las cosas que más sorprenden cuando empiezas a conocer la homeopatía es el hecho de que utiliza diluciones infinitesimales en las que, hasta donde se sabe, no queda materia alguna. Sin embargo, los hechos clínicos y la experimentación apoyan este uso, y no sólo eso sino que la experiencia clínica muestra que cuanto más alta es la dilución (es decir, más diluido está) mayor resulta el poder terapéutico, siempre teniendo en cuenta la similitud de los síntomas del enfermo con los síntomas que la sustancia provoca en individuos sanos (la ley de la semejanza).





Debido a que la mayoría de las sustancias que se usan para su elaboración son sustancias tóxicas es necesario emplear pequeñas dosis de manera que la dilución suprime efecto tóxico y al mismo tiempo añade nuevas propiedades farmacodinámicas al producto. Habéis leído bien, la mayoría son sustancias tóxicas así que si nos basáramos en las leyes que rigen ese mundo tan científico en el que a mayor dosis mayor efecto, efectivamente tendríamos un mayor efecto… pero letal. Lo que la homeopatía pretende es curar los síntomas que provocaría esta intoxicación. No sé vosotros pero yo no me tomaría una dosis de arsénico semejante a la cantidad de un paracetamol… llamadme incrédula pero el arsénico a grandes dosis no me va. Sin embargo, si tuviera síntomas parecidos a los de una intoxicación con arsénico tomaría Arsenicum album a la 30 CH ¡¡o incluso a la 200 CH!!



Y por otra parte esta dilución y posterior dinamización añade nuevas propiedades al medicamento. ¡Es importante dinamizar! Y ¿de dónde sale esta receta tan de brujería? Agitar antes de usar…como en tantas cosas. Pues bien, nuestro querido y admirado amigo Hahnemann (padre de la homeopatía para quien aún no lo conozca, médico entre otras cosas y un hombre muy sabio y capaz) estaba experimentando allí en los principios de la homeopatía y descubrió por casualidad pero con muy buen tino que los pacientes a los que trataba en lugares más alejados de su consulta se reponían más rápidamente que aquellos que trataba en su consultorio o cerca de allí. La única diferencia que encontró es que para curar a aquéllos debía desplazarse a caballo llevando los medicamentos previamente diluidos en las alforjas, ¡imaginaos lo agitaditos que llegaban con el trote del caballo!
Además el hecho de diluir tanto estas sustancias (recordad para no envenenarnos) es una de las principales razones de que en esta terapéutica se disminuya al mínimo la aparición de efectos secundarios. ¿No os parece una buena idea? Buscar la curación sin tener que envenenar al cuerpo para ello, sin tantos químicos (no hagamos llorar más a nuestro hígado) y teniendo en cuenta siempre la totalidad del organismo, somos mente y cuerpo o más bien “mentecuerpo”, no lo olvideis, nunca van separados.
Habéis oído seguramente que en muchas cosas en la vida lo bueno si es breve dos veces bueno, y si es barato mucho mejor y es que hay veces que menos es más. 

Menos estrés es más salud. 

Menos negatividad es más felicidad.

Menos “materia” es más efecto terapéutico. ¡Diluid y dinamizad vuestros problemas!





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