CAMBIOS DE VIDA : NO SIN MI PERRA



En la vida hay muchos periodos de cambio. Cambios de casa, cambios de pareja, cambios tan radicales como tener un hijo, eso sí te cambia la vida ¿no? Pero, ¿implican los cambios de vida que ciertos pilares básicos de lo que somos y lo que sentimos tengan también que cambiar? ¿Puede una persona que adora a su perro deshacerse de él como si nada? “Ya no encaja en mi vida, las circunstancias han cambiado”


Para mí el tener un amigo canino es tan importante, tan necesario, tan esencial que no podría cambiarlo por nada. Si las circunstancias de mi vida me impiden compartirla con un perro es seguro que estoy viviendo las circunstancias equivocadas. No quiero que mi vida me dirija a un lugar sin perros, así que tendré que darle la vuelta a mi vida para que me permita volver a ser quien soy y ser feliz. De eso se supone que va todo ¿no creeis? De ser feliz. A mí los perros me hacen feliz. Por eso estoy donde estoy y hago lo que hago.



¿Os ha pasado alguna vez que alguien de repente os diga que no podéis tener un perro? ¿Que tenéis que deshaceros de él o que simplemente no podéis adoptar uno que lo necesita? ¿Qué me decís de vuestras parejas? ¿Lidiais con un cónyuge que dice “no quiero perros en casa”? ¡He visto y oído tantos casos de estos! Cada uno decide, cada uno maneja sus circunstancias. Pero recordad que las circunstancias siempre sin circunstanciales y como tal se pueden modificar. Un sentimiento profundo es más difícil de cambiar.

Pienso que cuando los perros son tu forma de vida, tu debilidad, tu felicidad en el día a día…la persona que está a tu lado tiene que entenderlo y aceptarlo. Cada uno elegimos con quien andamos el camino. Yo quiero caminar siguiendo huellitas de perro por los senderos, quien quiera caminar a mi lado es bienvenido. A quien no le gusten las huellitas de perro probablemente no elegirá mi mismo sendero.

Sed fieles a vosotros mismos, como vuestros perros lo son.

¿Alguna vez os habéis planteado lo que sería vivir toda la vida sin un perro a vuestro lado? ¿Pensáis que haríais sin él o ella cuando la veis roncando a vuestro lado en el sofá o cuando se vuelve a comprobar que le estáis siguiendo durante un paseo en el campo? Bueno, yo sí lo hago. Siempre me lo pregunto. Y muchas veces le repito: “Qué suerte tengo de que estés en mi vida, Du”. La vida sin Duna sería distinta, y seguro que infinitamente peor.

Por eso cuando pienso en la posibilidad de no tener a mi lado un perro durante el resto de mi vida, no puedo concebirlo. ¿Qué sería de la vida sin el sonido de sus patitas acercándose cuando la llamas? ¿Sin patitas que te tocan para llamar tu atención? ¿Sin sonrisas caninas en los largos paseos? ¿Sin esos pelos locos y los ladridos de emoción?

Para mí convivir con un perro no es un capricho, no es una moda, ni siquiera es una elección. Es una necesidad. Porque sin perro no seré yo, me faltará una parte muy importante…cuando has tenido un amigo peludo en tu vida te das cuenta de lo vacía que puedes llegar a estar, de lo incompleta que puedes sentirte cuando no tienes un peludo a tu lado. Yo siempre he querido un perro, desde que tengo uso de razón y probablemente desde antes. Pasó mucho, muchísimo tiempo hasta que mi madre finalmente dijo que sí. Y ahora no quiero un perro, ahora lo necesito. ¡Sería tan infeliz viviendo sin ese vínculo especial!

¿Sabéis de lo que os hablo, verdad? Todo el mundo que haya llegado a querer tanto a un perro y a sentirse correspondido (¿quién dice que los perros no tienen sentimientos?), sabe que no hay nada que se le parezca.

Muchas veces existen obstáculos, pensamos “ahora no puedo”, mejor cuando tenga una casa más grande, cuando sepa qué voy a hacer con mi vida, cuando gane más dinero…cada vez me doy más cuenta de que si pasas la vida esperando el momento más adecuado al final la vida se pasa sin haber realizado tus sueños. ¿Por qué no ahora? Por supuesto hay que ser responsables y realistas. Un perro es un amigo y los amigos no se abandonan, los amigos nunca estorban, los amigos lo son para siempre… pero el mundo nunca va a ser perfecto. Si buscamos excusas para no adoptar un perro siempre las vamos a encontrar. El espacio, el tiempo, el dinero. Dentro de unos mínimos adecuados, os diré un secreto: los perros no necesitan lujos, ni una mansión. Los perros para ser felices te necesitan a ti. Sí sí, a ti, a mí, a cualquiera que quiera darles su cariño y comprometerse a caminar junto a ellos el resto de sus vidas.

No busquemos más excusas. Tú y yo sabemos que sin un perro en mi vida no sería feliz. No sólo es mi trabajo, es una parte de mí. Es lo que soy. Dejemos de luchar contra nosotros mismos y empecemos a luchar por lo que queremos. Pasear tranquilos con nuestro perro, hacerle mimos, jugar con él. Os aseguro que para mí es lo más relajante y desestresante que puede existir. Pasear con mi perra y verla disfrutar. Que me contagie esa energía y olvidarme de todos mis problemas. Perroterapia.

Duna, me haces muy feliz pequeña.

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