NIÑOS Y CRUELDAD CON ANIMALES


“Los asesinos…muy a menudo son niños que no aprendieron que esta mal sacarle los ojos a un cachorro” (Robert K. Ressler)
Pegar una patada a un perro. Pegar una patada a una mujer. Prenderle fuego a un gato. Prenderle fuego a una exnovia a la salida de su casa.
            Muchos piensan que las agresiones referidas a seres humanos son infinitamente peores que las ejercidas sobre otro tipo de animales. Otros se oponen por igual a toda violencia proyectada sobre cualquier ser vivo. Son opiniones, valores, cuestiones que entran en el ámbito de la moralidad, de la filosofía del bien y del mal y sus fronteras son débiles y se encuentran desdibujadas. Ningún debate que se sustente en este tipo de argumentos arrojará luz sobre quién tiene o quién no tiene la razón, cada cual con su opinión. Es por ello que vamos a centrarnos en datos. Datos objetivos, fríos y claros, fruto de la investigación científica, no cabe el espacio a discusión y no son opinables. Las cifras, cifras son y quedarán ahí para posteriores reflexiones que cada cual llevará a su terreno.

          
    DSM IV- TR: El trastorno disocial

            En el DSM IV, el Manual Diagnóstico de los Trastornos Mentales, encontramos en uno de sus apartados dedicados a trastornos de comportamiento el Trastorno Disocial. Los criterios diagnósticos indicados por este manual para su identificación son los siguientes:

CRITERIO A – Un patrón repetitivo y persistente de comportamiento en el que se violan los derechos básicos de otras personas o normas sociales importantes propias de la edad, manifestándose por la presencia de tres o más de los siguientes criterios durante los últimos 12 meses y por lo menos de un criterio durante los últimos 6 meses:

·        Agresión a personas o animales


(1) a menudo fanfarronea, amenaza o intimida a otros.
(2) a menudo inicia peleas físicas.
(3) ha utilizado un arma que puede causar daño físico grave a otras personas
(4) ha manifestado crueldad física con personas
(5) ha manifestado crueldad física con los animales
(6) ha robado enfrentándose a la víctima (ataque con violencia, arrebatar bolsos, extorsión, robo a mano armada)
(7) ha forzado a alguien a una actividad sexual.

·        Destrucción de la propiedad

(8) ha provocado deliberadamente incendios con la intención de causar daños graves
(9) ha destruido deliberadamente propiedades de otras personas (distinto de provocar incendios)

·        Fraudulencia o robo
(10) ha violentado el hogar, la casa o el automóvil de una persona
(11) a menudo miente para obtener bienes o favores o para evitar obligaciones (tima a otros)
(12) ha robado objetos de cierto valor sin enfrentamiento con la víctima (robos en tiendas, pero sin allanamientos, falsificaciones, etc.)

·        Violaciones graves de normas

(13) a menudo permanece fuera de casa de noche a pesar de las prohibiciones paternas, iniciando este comportamiento antes de los 13 años de edad
(14) se ha escapado de casa durante la noche por lo menos dos veces, viviendo en la casa de sus padres o en un hogar sustituto ( o sólo una vez sin regresar durante un largo periodo de tiempo)
(15) suele hacer novillos en la escuela iniciando esta práctica antes de los 13 años de edad.

B – El trastorno disocial provoca deterioro clínicamente significativo de la actividad social, académica o laboral.

C – Si el individuo tiene 18 años o más, no cumple los criterios de Trastorno antisocial de la personalidad


            Este trastorno puede ser de inicio temprano (antes de los 10 años de edad) o de inicio en la adolescencia, siendo más grave y con peor pronóstico la primera forma. De entre los 15 items señalados en el DSM IV-TR, solamente uno hace referencia al maltrato físico de los animales y aún así es más que abundante la literatura científica que explora la conexión entre este tipo de violencia en la infancia y su generalización posterior a los seres humanos en la edad adulta.
            Este interés por los niños que maltratan a los animales no está originado por la casualidad o por la simple curiosidad morbosa, y desde luego no es algo nuevo. Desde hace siglos los filósofos señalan las conexiones existentes entre los niños que son crueles con los animales y los adultos violentos con sus propios congéneres. Estos adultos a menudo fueron niños que cumplían los criterios del trastorno disocial porque con relativa frecuencia el trastorno disocial evoluciona al conocido Trastorno antisocial de la personalidad y esto, al parecer,  ya son palabras mayores, palabras que suenan más, palabras como por ejemplo Psicópatas. Aunque no todas las personas que cumplen los criterios para el Trastorno Antisocial de la Personalidad son psicópatas.
            Y aquí es donde confluyen los intereses de los dos grupos de personas identificados al principio, porque a los que los animales les dan igual y califican el que un niño queme a un perro o lo apalee hasta la muerte como “cosas de niños” o “gamberradas”, se lo toman un poco más en serio cuando el perro es un ser humano y el niño está ya en la veintena, pero claro…llegados a esos extremos suele ser ya un poco tarde y solo nos queda llevarnos las manos a la cabeza y aparecer en televisión asegurando que era un chico muy normal, que siempre saludaba. Tal vez si se hubieran fijado un poco mejor, se habrían dado cuenta de que entre saludo y saludo mutilaba a los gatos del vecindario.
           

            Tríada de Mac Donald o “Tríada psicopática”

           
            Diversas investigaciones han concluido la existencia de  tres indicadores que, de estar presentes en la infancia/adolescencia, constituyen como mínimo una señal de aviso de personalidad violenta y trastorno de personalidad antisocial:

1-     Enuresis
2-     Piromanía
3-      Crueldad con animales

El ex agente del FBI y uno de los mayores especialistas en asesinos en serie y psicópatas, Robert K. Ressler, en una investigación llevada a cabo en 1998 examinó las características de 36 asesinos y agresores sexuales, encontrando que 28 de estos 36 hombres habían presentado en su niñez o adolescencia crueldad con los animales.
Otros estudios más recientes (Cuquerella, Querol, Ascione, Subirana, 2003) también han encontrado asociación entre los elementos de la tríada y personalidades criminales, sobre todo en lo referente a la piromanía y la crueldad con los animales.


Motivaciones de la crueldad de los niños hacia los animales


            ¿Qué motivos pueden llevar a un niño a maltratar e incluso a matar a un animal? Esa pregunta se la plantearon Kellert y Felthous (1985) e intentaron responderla a través de cientos de entrevistas con criminales encarcelados a los que pidieron que explicaran que les llevó a sus sádicas sesiones de tortura animal en su más tierna infancia. Tras el análisis de estas entrevistas aislaron algunas motivaciones que se repetían en aquellos individuos. A grandes rasgos y sin olvidar que todo comportamiento suele ser fruto de multitud de factores, resumimos aquí varias motivaciones:

1-     El control del animal, para eliminar comportamientos no deseados (Ej. Pegarle una patada a un perro en los testículos cada vez que ladre en casa)
2-     Como represalia contra una acción del animal ( Ej: quemar a un gato porque ha rasgado las cortinas del salón)
3-     Satisfacer prejuicios contra algunas especies o razas ( Ej: quién odia a los ratones en general y por ello los daña porque no son dignos de consideración moral)
4-     Expresar la agresividad a través de un animal (Ej: entrenar a perros para que  ataquen a otros animales o a personas)
5-     Ensalzar la propia agresividad o para mejorar sus habilidades agresivas (Ej: para demostrar al grupo lo duro que eres)
6-     Por diversión o entretenimiento.


En conclusión, puede que a algunas personas les parezca que la crueldad hacia los animales es algo que se puede pasar por alto, que no es tan grave. Pero los estudios que se han llevado a cabo en torno a las personalidades violentas, criminales, indican que este tipo de actividades realizadas en la infancia puede ser la voz de alarma que nos diga que algo no va bien con ese niño. Si decidimos hacer oídos sordos, apartar la vista y pensar “son gamberradas propias de la edad”, tal vez pocos años después nos arrepintamos.













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