LA HISTORIA DE ZAFIRA Y LA COMUNICACIÓN ANIMAL


La preciosa gatita Zafira (como yo la he llamado porque sí, porque no entiendo su nombre inglés para empezar y porque mi compañera de piso y legítima dueña o esclava humana según el punto de vista del que se mire la llama “gata” en polaco) tiene un problema y es éste. Se lame tanto las patas traseras que se ha dejado enormes zonas completamente sin pelo y nadie sabe por qué. Nadie sabe mucho de Zafira en realidad.

Os contaré lo que sé. Nadie sabe qué edad tiene Zafira. Nadie sabe por cuántas casas ha pasado exactamente (aunque desde luego son más de tres). Nadie sabe cómo era Zafira de pequeña, ni dónde nació, ni como ha llegado hasta aquí. Pero el caso es que aquí está. Cuando yo llegue a esta casa mi nueva compañera de piso me dijo que tenía una gata. Que había tenido que quedársela porque antes la cuidaba una amiga suya que había tenido que mudarse y no podía llevársela. Lleva viviendo aquí cerca de nueve meses. Me dice que es muy tímida al principio pero luego se encariña mucho mucho con la gente. Y puedo comprobarlo… a los dos días ya está durmiendo en mi regazo. Pero Zafira nunca descansa tranquila. Cualquier pequeño ruido le hace ponerse totalmente alerta. No sabe que ahora está segura, pero poco a poco le ayudaremos a comprenderlo.

Me han pedido ayuda por el problema de Zafira y sus patas, pero no voy a entrar ahora en el tratamiento homeopático (y creo que unas flores le irían genial así que te la remitiré Noe), si os interesa esto comentad y os lo cuento todo otro día! Lo que os voy a contar hoy es lo que ha sucedido que tanto a su legitima dueña/ esclava humana como a mí nos ha sorprendido y emocionado a la vez. Pregunté qué había podido ocurrir como desencadenante del lamido compulsivo y lo descubrí: mi compañera se había ido dos meses a Nueva Zelanda dejándola con su anterior compañera de piso y cuando volvió la encontró así. Desde entonces no ha parado. Casi no hace falta que me cuente más… (por supuesto esto no quita la correspondiente visita al veterinario y raspado de piel para descartar posible sobreinfecciones o problemas orgánicos subyacentes). Las dos lo sabemos, se sintió abandonada y ahora…ahora se siente sola, triste, aburrida…y ha encontrado la manera de descargar toda esa ansiedad…

Os seré sincera, no he ido aún a ningún curso de Animal Comunicator aunque me encantaría. Sé observar, escuchar y entender muchas cosas de los animales pero no sé establecer este tipo de comunicación. Mi compañera me dice entonces que un amigo suyo que en cierta forma se comunica con los animales le ha dicho que lo que le pasa a Zafira es que quiere compañía. Un gato negro para más señas. Necesita un amigo. Pero ella trabaja mucho, gana lo justo…no puede permitirse un gato más así que tenemos que buscar alguna otra solución.

Ayer ocurrió lo sorprendente: la gata lleva un par de días saliendo al rellano de la escalera para explorar (le encanta), pero ayer estaba como loca: arañaba la puerta, maullaba sin parar. Nos aseguramos de que la puerta del portal está cerrada y la dejamos salir. Unos minutos después oímos voces del vecino en la escalera y cuando salimos… no lo vais a creer… Zafira está sentada con un gato negro en la escalera, cada uno en un escalón, mirándose de frente y maullando. “They´re having a little chat!” dice el vecino (legitimo propietario/esclavo humano del amigo felino negro) divertido. Están teniendo una pequeña charla. Nos cuenta que el gato ha salido disparado de la casa para encontrarse con ella, se han sentado en la escalera…y se han puesto a charlar.


Puede que sea una coincidencia. O puede que no. De momento Zafira tiene un amigo y la homeopatía, los cuidados y el amor harán el resto… No os podéis imaginar lo que aquello nos transmitió a nosotras. Estábamos tan contentas que cualquiera nos hubiera tomado por locas, pero empezábamos a entender que muchas de las cosas que Zafira hacía últimamente tenían todo el sentido!! Ese momento cambió el ambiente de la casa para el resto del día. Incluso parecía que entraba más luz por la ventana.

Amigos, los animales no tienen palabras pero tienen sentimientos. Pensamientos. Emociones. Y no les hace falta el lenguaje de los humanos para expresarlas. Hubo un tiempo en que nosotros también éramos así, transmitíamos emociones, pero las palabras empezaron a sustituirlas y hemos perdido dramáticamente esta capacidad. 
Así que tú, sí, sí, tú…deja de hablar tanto y escucha lo que tu mascota tiene que decirte. No esperes palabras… siente emociones.

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