MONUMENTOS A LOS HÉROES DE ESCOCIA


Probablemente nunca se os habría ocurrido encontrar esto en el interior de una fortaleza militar. Y a mí tampoco. Eso es lo que es el castillo de Edimburgo: una fortaleza militar todavía en activo y en funcionamiento hoy en día. Y allí, dentro de la fortaleza, donde sólo les está permitido casarse a los militares con galones, donde durante siglos vivió la familia real escocesa, en ese lugar emblemático sólo apto para los más dignos… allí está este pequeño cementerio que honra a los héroes militares.
No suena raro dicho así ¿verdad? Los soldados honran a sus compañeros fallecidos dentro de la fortaleza a la que servían. Y eso es precisamente de lo que va esto: de compañeros honrando a compañeros, a amigos.
Sólo que en este pequeño cementerio en concreto los compañeros son caninos.

No podéis imaginar la cantidad de emociones y pensamientos que acudían a mí frente a este cártel, delante de las pequeñas tumbas conmemorativas. Acordándome de tantos perros militares, policias, de búsqueda y rescate, de servicio, de terapia…de compañía. De compañía que muchas veces es tan esencial en la vida y la felicidad de una persona. Perros que dan tanto, tantísimo y a cambio reciben tan poco. O nada. O incluso peor que eso: reciben maltrato y abandono. Y sí, hablo de perros de trabajo que dejan de servir, que se hacen mayores, que se jubilan y son dejados como trapos viejos. Soy muy consciente de que hay muchos (y cada vez más) perros de trabajo que son uno más en la familia claro que sí, que son compañeros de trabajo y compañeros de vida. Pero delante de este monumento pienso en aquellos que no lo son. En los que son considerados meros instrumentos de trabajo sin emociones. Como una escopeta, o como una herramienta más. ¿Es que no somos conscientes del reconocimiento que merecen? Aquí al menos lo tienen. No eran simples perros militares. Eran, como cada perro del mundo, perros que merecen un
“gracias por todo y descansa en paz amigo”.
 

Muchas veces consideramos normal y adecuado que los perros estén ahí, a nuestro servicio. Os voy a decir una cosa, para mí no es algo que deba darse por sentado, es un auténtico privilegio que vivan con nosotros. Sólo parad un momento y pensad en todo lo que los perros hacen por las personas. Guían a los que no ven, avisan a los que pueden sufrir las consecuencias de una bajada de azúcar o de un ataque epiléptico, ayudan a comunicarse a los que tienen diferente manera de sentir y relacionarse en la sociedad en la que vivimos, acompañan a los que sufren…
 
Mucha gente confía en ellos para que sean sus ojos, sus oidos, su olfato, su tacto y su voz. Y esto es extraordinario. Somos realmente privilegiados porque ellos existen.

Probablemente el perro que tienes ahora mismo al lado no parece tan extraordinario ¿no? Sólo come, duerme, babea y tiene ganas de ir a pasear y de jugar a todas horas. Simplemente se dedica a menear su cola como un loco cada vez que le miras. Y para mí esto sí es extraordinario y especial. Todos y cada uno de los perros merecen que les miremos como los seres especiales que son. Mira a tu perro y piénsalo. Haz para él un monumento en tu corazón todo lo grande y bonito que seas capaz. Porque él tiene un trabajo de los más importantes y difíciles de todos: estar ahí a tu lado cada día de su vida, queriéndote siempre con la misma intensidad, con las mismas ganas, con la misma alegría pase lo que pase.


Yo tengo monumentos en el corazón para cada cada uno que ha aportado grandeza a mis momentos: para Lasie; para Cuca; para Ton claro que sí; tengo uno para Duna al que cada día le añado un adorno más espectacular y precioso; y tengo uno muy especial en el que pone Lord.

No olvidéis dar las gracias a vuestro perro por existir.

Un abrazo desde Escocia,

 

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