UN GATITO EN CASA: PERIODO DE SOCIALIZACIÓN



Todos los que tenemos mascota o amamos a los animales (o al menos casi todos) somos conscientes de lo importante que es la socialización en un cachorro de perro. Sabemos que es el momento ideal para empezar su educación, que debemos exponerlo a estímulos que vaya a encontrarse después a lo largo de su vida, que tenemos que enseñarle niños, mujeres, hombre, otros perros, paraguas, bastones… Pero ¿y qué pasa con los gatitos? ¿Por qué casi nadie habla de la importancia de socializarlos? Será porque nos creemos que ellos muy sociables… no son.
 ¡Qué equivocados estamos con nuestros amos felinos!


El periodo de socialización en gatos existe (y si existe será por algo), lo que pasa es que en este caso empieza antes y dura bastante menos que el correspondiente en los caninos (estos mininos siempre adelantandose a los tontorrones y babeantes chuchos… ¡menudos son ellos!)
 Concretamente va de las 3 a las 7 semanas de vida. ¿Qué qué es eso del “periodo de socialización”? Pues veréis, tanto en perros como en gatos existe este periodo en la vida de los cachorros que abarca desde el momento en que todos los órganos de los sentidos están plenamente funcionales (ojos y oidos abiertos, olfato a tope, gusto correcto, tacto sedoso… ¡preparados para dominar el mundo!!) hasta que los pequeños aprenden a tener miedo.
Sí, lo sé suena raro pero más o menos esto es lo que ocurre… los gatitos a las 3 semanas están preparados para explorar, jugar, empezar a reclutar esclavos humanos… y son tan pequeños e inocentes ¡que aún no le tienen miedo a nada! A medida que van creciendo y madurando el sentido del peligro y el miedo a explorar y a las cosas nuevas va aumentando, mientras que esas ganas de comerse el mundo sin importar las consecuencias van disminuyendo. En el momento en que las lineas se cruzan y el miedo es mayor que las ganas es cuando acaba el periodo de socialización.
 Los gatitos con solo siete semanitas ya han tenido bastantes aventuras (es una manera de hablar, que ya sabemos que los felinos nunca tienen bastante…).

Durante el periodo de socialización, al igual que en los perros, es importante presentarle al gato (con moderación, tampoco nos volvamos locos y los inundemos de estímulos a los pobres) aquellos estímulos con los que vaya a convivir en su vida de una manera positiva. Así, el gato los conoce sin miedo y cuando vuelvan a presentarse serán cosas neutrales para él que no tengan que causar una reacción de pánico o estrés exagerado, y ya sabemos que los gatos son muy dados a este tipo de reacciones.
 
 Durante el periodo de socialización deberíamos presentar distintos tipos de personas (sí sí, nuestras mascotas distinguen entre hombres, mujeres, ancianos, distintos tonos de piel, distintos tonos de voz y lo que para ellos es más curioso: los niños, un mundo aparte…), otros animales como perros u otros animales domésticos que más tarde puedan dar problemas al convertirse en la presa favorita del gatito: conejos, pájaros, cobayas, hamsters, etc. Se han hecho estudios en los que se ha demostrado que si un gato vive con un animal presa para él durante el periodo de socialización cuando sea adulto nunca lo verá como una presa (¡interesante para la futura supervivencia de animalitos que vivan en casa del gato!).
 

También es esta una etapa ideal para empezar a enseñarle al gato modales gatunos, ya que es cuando los gatitos son como una pequeña esponja peluda.  Es el momento en que mamá gato empieza a enseñarles a no ser tan pesaditos, a ser más independientes, a jugar con moderación. También es cuando empiezan a aprender y perfeccionar las técnicas de caza así que es el momento justo para empezar a dirigir esa conducta hacia objetos que no sean nuestras manos y pies, por ejemplo.
Una buena socialización es casi casi un seguro en la prevención de futuros problemas de comportamiento ¿no os parece interesante aprovecharla?
 

De todas maneras, si como mucha gente maravillosa del mundo habéis tenido la suerte de que aparezca en vuestra vida un felino adulto y haya decidido hacer de vosotros sus esclavos para siempre, no hay de qué preocuparse. Una mala, escasa o nula socialización es un problema, pero todos sabemos que no hay problema que no tenga solución. Y os aseguro que unas pautas adecuadas, paciencia, cariño (y unas flores de Bach que nos van a ayudar mucho en el camino) todo lo pueden.

Para dudas, consultas, consejitos, un poquito de ayuda en esa bonita etapa de socialización o un poquito de ayuda cuando la etapa de socialización ya quedo atrás y perdimos la oportunidad… sabéis dónde encontrarnos.


Disfrutad de vuestro gato y explorad con él el mundo, desde unos ojos felinos todo se ve diferente J

Un abrazo,
María


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